Esperanza Marin Spa

Redactado por un cliente de #AileenMar

Hay experiencias que no se pueden transmitir en palabras y tal vez agrupando letras sea más fácil de expresar, este es mi caso.

Al recostarme en la cama cerré mis ojos, no cruzamos una sola palabra, sentía tú presencia ocupando un espacio alrededor de las paredes, solo agudizaba mi oído para escuchar tus pasos que eran realmente sutiles, tan sutiles como la energía que el lugar entregaba. Ese era mi espacio y quise tomarlo como propio, guardarme todo adentro, así mil pensamientos cruzaran mi mente.

Sentí como una sutil pluma rosaba mis talones y se extendía por cada uno de los espacios de piel que irónicamente nunca había sentido antes. Descubrí en poco tiempo que hay otros lugares de mi cuerpo que solo tú me ayudaste a explorar. Hice un esfuerzo por permanecer en silencio, ocultar ante mis ojos toda expectativa curiosa y simplemente dejarme conducir por los caminos de tu sensualidad y después de sentir pasa los hilos de las plumas agradecí por primera vez encontrar en tu presencia algo en la realidad diferente, algo realmente hecho con tacto y una entrega de amor sin interés, una experiencia real.

En ese estado, sentí como mis pies y el resto de mi cuerpo apreciaban tus senos, con una delicadeza y sutileza que solo con la seda se puede comparar. Vivía sensaciones en un espacio entre tu piel y la mía, cada rose significaba un impulso, una entrega un toque de energía. Por toda mi espalda sentía tu piel, tu feminidad, percibía como la energía de tu ser cobijaba la mía y en ese momentos supe que todo iba a estar bien, no habría espacio para la ansiedad, la inseguridad o el temor.

Pasaron los segundos quienes parecían pedir permiso uno tras otro. Hasta que escuché tu respiración en mi oído, en ese momento sentí como tu palma y la mía se unían en una estrecha complicidad que agradecí una vez más por ser tan genuina. Cada vez quería conocer más de ti, interpretar tus movimientos y los mensajes que el roce de tu cuerpo dejaba en mi piel.

Al girar mi cuerpo, percibí que tu presencia estaba sobre la mía, tu cuerpo estaba completamente conectado con el mío y de una manera vespertina abrí mis ojos y vi tu rostro a escasos centímetros, me sorprendí y tú simplemente mantuviste tu mirada fija sobre mí. Te miré fijamente a los ojos y quise desafiarte. ¡Que estúpido fui pues tú me dominaste! Y desarmaste cualquier impulso con la profundidad de tus ojos color miel.

Te quedaste conmigo en esa mirada durante un tiempo que hasta ahora no puedo determinar, solo se, que en ese momento me perdí, fui preso de tu sensualidad y de un erotismo que nunca en mi vida había vivido, en ese momento ya no habite más mi cuerpo y solo quería agradecerte una vez más por hacerme sentir en realidad estar vivo, sentirme realmente hombre.

Tú y cada segundo parecía diluirse en el tacto de tus dedos creando un espacio entre la realidad y un profundo estado de tranquilidad y paz. No miento, estaba tan perdido en la profundidad de tus ojos cada vez que te percibía encima de mí, que no tenía fuerza para hacer absolutamente nada más. Tuve erecciones fuertes una tras otra, pero sabia que esas respuestas eran solo físicas, pues el verdadero acto sexual lo habíamos hecho tú y yo. Ya sobre la superficie de una cama con confidencia y sonrisas cómplices. No necesité de una penetración y eyaculación para saber que esta es la mejor experiencia sexual que haya tenido en muchos años y que, aunque sigo perdido en tus ojos, esperare para poder experimentar esas sensaciones que solo seres como tú pueden ofrecer en esta tierra.

Esta experiencia sobrepasa todo lo que puedas conocer, lo reafirmé con lágrimas en mis ojos y con la seguridad de saber que lo experimentado era superior a las banalidades y presiones terrenales. La conexión de una mirada fija y profunda de esos ojos color caramelo reafirman muchas teorías orientales, que para sentirse pleno sexualmente no se requieren otras acciones, sino simplemente dejarse ser, dejar que tu verdadera esencia disfrute de experiencias que no tienen precio y son de verdad trascendentales.  

Hasta hoy estoy perdido en tus ojos y solo espero poder repetir con ansias ese simulacro de rescate, en donde intencionalmente no quiero ser encontrado. 

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