Esperanza Marin Spa

No era la primera vez que iba a un encuentro con ella, pero a decir verdad los nervios eran muy similares a otras oportunidades. Habíamos cuadrado la cita para las 2:00 pm, el tráfico estaba más suave y logre llegar antes de esa hora. Para no ser indiscreto le escribí: Llegué un poco adelantado. No recibí respuesta, pero supe que no había mirado su celular. No importa voy a subir pensé, y así lo hice.

 

Toqué el timbre y sentí un poco de carreras, era ella que estaba organizando algunas cosas, pero me abrió la puerta. Me ofreció agua como en otras oportunidades y la acepté. Me pidió que me sentara en el sofá y esperara un momento, pero rápidamente cambió de opinión y me hizo pasar a la habitación mágica, la habitación de los masajes y mucho más.

Desvístete, ya me había dicho en otras ocasiones. Fui obediente y lo hice. Ya iba para la camilla, pero recordé que no me había lavado las manos: ¿me prestas un jabón por favor?, quiero lavarme las manos. Ella me trajo uno, me envolví en toalla y fui al lavamanos.

En este punto yo sentía más confianza y pude hacerlo como si estuviéramos en un lugar solo los dos. Me subí a la camilla y ella me hizo un masaje agradable. Siempre charlamos mientras lo hace, y eso me hace sentir más cómodo. Cuando ella terminó de hacerme el masaje le dije, ahora tu masaje. Aileen se acomodó en la camilla y comencé a hacerle un masaje de inexperto, pero quería buscar puntos sensibles de su piel extremadamente suave: libre de vellos, bien tonificada y con buen color, todo eso me encanta.

Recuerdo que me unte el aceite en las manos y comencé por los muslos. Empecé a hacer el masaje a cada pierna, mi intención era ir separándole las piernas para tener frente a mis ojos esa preciosa vagina; completamente depilada, bien cerrada, ajustada como me gusta. Ya se lo había comentado a ella en otra oportunidad. ¡tienes una linda vagina! – es por poco uso – me contestó. Eso me había puesto más cachondo. Volviendo al presente, cada vez que masajeaba sus muslos buscaba que ella fuera separando un poco más sus piernas.

Como el tiempo corría y yo debía volver a mi oficina no me detuve mucho tiempo ahí, lo quería, pero no podía. Continué el masaje por todo su cuerpo, el abdomen tonificado, y llego a sus senos, esos senos que tienen un tamaño perfecto. Con una aureola grande, un pezón pequeño. Un pezón que te dice bésame, excítame y me pondré duro para que puedas chupar mejor.

Me dedique un rato a masajear esos hermosos senos, pero si soy sincero no era un masaje, era una caricia lo que le estaba haciendo para mi interior. Cada vez que esos pezones pasaban por entre la palma de mis manos los sentía y quería morderlos, no lo hice por no generarle dolor, solo los besé. Los besé y los chupé como si fuera un niño buscando el néctar que ellos podrían darme. Todo ese tiempo mi pene se fue poniendo más duro. Ella estaba acostada y sus manos salían un poco de la camilla, estuve tentado a tomar una de esas manos y poner mi pene en ella, pero ese todavía no era el momento. Me aguante y seguí con el masaje, en este punto yo había llegado a masajear sus hombros. 

No recuerdo exactamente, pero en un momento Aileen me dijo; voy a confiar en ti, voy a cerrar los ojos. Esa confianza me comprometía más y yo sabía a qué se refería. A nada de besos en la boca, ni sexo oral. Acepté y respeté esa condición. Me acomodé a su cabecera en la camilla, le hice un poco de masaje en los hombros y luego en su cuello.

En un momento acomode su cara a un lado suyo para besarla en el cuello. Lo hice suavemente y le di algunos besos, unas pasadas con la lengua y unos chupeteos. Ya iba sintiendo como ella iba reaccionando y su cabeza se movía un poco, le tuve que decir; no te muevas que te salgo besando. Y es que cada vez que ella se movía un poco, yo sentía como la comisura de nuestros labios se acercaban más, de tal modo que un solo movimiento de cada uno en sentido contrario por ley natural nuestros labios tendrían que haberse unido. Yo no quería fallarle en su confianza y por eso le dije no te muevas. Como el tiempo ya se estaba agotando ella me propuso que cogiera su dildo y le hiciera un masaje en su preciosa vagina. Debo confesarlo, tuve que decirle que lo encendiera.

Ella me explico con toda paciencia y ya prendido pasé a dejarlo sentir sobre su vagina. Por lo mismo que dije atrás, por ser una vagina tan cerrada y ajustada hay que saber ubicar el vibrador en el punto preciso para que ella lo sienta más pero estoy seguro que lo sintió. Sus caderas comenzaron a mostrarlo, los movimientos suaves, rítmicos y ansiosos lo demostraron todo. Con ese tratamiento de su vibrador y viendo que ella iba por buen camino, decidí introducir mis dedos. Primero de forma lenta, ejerciendo cierta presión para que ella los sintiera, ¡eso funciono¡.

Aileen, cada  momento estaba más y más excitada, volviendo al tema del maldito tiempo me di cuenta que debía apresurarme o la iba a dejar demasiado caliente, pero sin haber logrado un orgasmo, entonces comencé a meter y sacar mis dedos de su vagina, aumentando el ritmo, vi que esto le estaba funcionando y aceleré ese movimiento más y más y más. Mientras Aileen lanzaba sus deliciosos murmullos de placer “ohhh, ohhhh, ohhhh” eso era música para mis oídos. Finalmente, ella llego a su orgasmo. En sus ojos y en su rostro vi que lo disfruto.

No era el orgasmo que yo quería proporcionarle, pero era un orgasmo. Aileen descansó un momento y luego me dijo – te toca disfrutar a ti- volvimos a cambiar de puesto en la camilla y ella se dedicó acariciar mi pene. Como vio que yo estaba un poco demorado para terminar, decidió subirse a la camilla, se colocó encima de mí y con una mano siguió masajeando mi pene. Yo sabía que estaba retrasado en eyacular, pero eso en vez de ayudarme a terminar me hacía demorar más, entonces le dije; quiero más contacto con tu piel.

Aileen lo entendió muy bien. Se acomodó como le sugerí y logre terminar con un placer indescriptible. Ella encima de mí, abrazados fuertemente como un par de enamorados. Realmente fue un final de ensueño. Gracias Aileen por ese final. Logre sentirlo como algo más que sexo. Hubo complicidad, hubo amistad, creo que esa amistad que es la que me ayuda estar muy bien con mi compañera, si existió. Lo mismo que la confianza que ella quiso tener en mí.

Creo que debo dejar ahí porque debo volver a la oficina.

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