Esperanza Marin Spa

¿Qué opinarías si tu pareja te propone que “te toques” delante de él / ella? Te pusimos a pensar, ¿verdad? Pues te contamos que es momento de dejar los prejuicios a un lado y de sucumbir ante el hecho de no realizar nuevas prácticas sexuales por temor, inseguridad, cultura o alguna creencia religiosa. Y es que son éstos, precisamente, pocos de los tantos factores que influyen dentro de la determinación de llevar a cabo un acto sexual tan bello como lo es la masturbación. Ahora bien, el hacerlo depende sólamente de ti, único(a) dueño(a) de tu cuerpo y sensaciones; pero no está de más decirte que el autoconocimiento y el amor propio también abarcan una exploración consciente, cuyo objetivo, además de llegar al clímax, es identificar tus zonas erógenas más potentes.

 

Sumado a lo anterior, es indispensable remontarnos a la época medieval (entre los siglos V y XV, aproximadamente), tiempo en el que muy seguramente – pensemos – no existía un interés muy desarrollado para con el erotismo. Por el contrario, en dicho momento y, aunque con materiales convencionales como la cerámica y la arcilla, se elaboraban piezas a manera de “representación íntima” (por así decir); estos elementos, posteriormente, según la historiadora medievalista Eleanor Janega, eran empleados, sobre todo por mujeres, para satisfacer sus necesidades sexuales y, por lo visto, para disfrutar de este universo tan vasto y delicioso al que denominamos sexo. Además de esto, no podemos olvidar la literatura erótica y muchos otros vestigios artísticos visuales que se registraron luego dentro de esta civilización occidental. Y sí. Estamos hablando de una etapa de la historia bastante cruda, en la que el famosísimo oscurantismo pretendía predominar, defendiendo sus posturas e ideologías religiosas; un tiempo, cuyo objetivo era la total abolición del libre pensamiento y de toda acción, por más ínfima que fuese, que contradijera los preceptos establecidos por la iglesia. Pero bueno, lo que nos compete por ahora no es recordar la frivolidad con que incluso la filosofía debió renunciar a su máxima estructura de libertad, sino relevar la omnipotencia de nuestro propio sentir y entender que, aun en medio de guerras, catástrofes y cambios históricos, nuestra sexualidad evidencia la necesidad de reconocimiento y evolución constante. Por lo tanto y, retomando las costumbres orgánicas medievales, no debe ser aceptable el hecho de temer al compartir sexual; pues si estas personas ejercían estos actos; si incluso adoraban la masturbación y hacían ceremonias al aire libre y festejaban entorno a este campo celestial; si incluso y, tal como aseveran los historiadores, semejaban estas actividades con una especie de ritual y le relacionaban con la fertilidad y la activación de la misma, ¿por qué, entonces, no podríamos nosotros, humanos pensantes, testigos de esta ola evolutiva interminable, resarcir nuestras culpas y aquel pecado inaudito (porque en verdad lo es) de restringir nuestros cuerpos, dudar de su belleza y atributos y gozar, sin más, de toda actividad que simplemente implique esto: el goce interno? ¿Por qué habríamos de dudar de nuestras cualidades biológicas / naturales y quedarnos estancados, otorgando al tiempo que cumpla con su función de sumergir en su materia intangible nuestros encantos por los siglos de los siglos?

 

Con todo esto, esperamos que realmente te cuestiones y  que, luego de reconocer tu mayor órgano sexual (el cuerpo), recuerdes que es importante que te sientas en la potestad de guiar a tu pareja: besarte, acariciarte, morderte, lamerte, envolverte con su cuerpo; tomar sus manos y acomodarlas sobre las tuyas. Dibujar en ti mismo(a) todo aquello que anheles dibujar. Porque el sexo, más que sexo, es arte, es amor por sí mismo y por el otro. Es la capacidad de ir más allá de lo posible, de lo impuesto, de lo inculcado; es sacar provecho a cada destello de luz que se refleja en el ventanal de tu cuarto, sala, cocina (donde prefieras) y juegues a verte y sentirte sexy; a hacerte sombra y combinar cada pedacito de piel que te forma con cada espacio del que dispongas (o imagines). El sexo es enlodarte de la mirada de esa persona que te atrapa o te gusta o te llama la atención o, aún más afortunadamente, amas sin condición. Es no permitir a tu rostro ruborizarte viendo a tu otra mitad deleitarse consigo mismo(a) conforme te observa y te sonríe y te demuestra, una vez más, que eres un ser tremendamente sensual, capaz de acaparar la atención de todos sus sentidos, inclusive los que no existen y no se han inventado todavía.

 

De este modo y, partiendo de la idea de que los seres humanos somos visuales por naturaleza, favorecerás irremediablemente el deseo en tu relación, la imaginación y, no menos importante, la salud mental, física y emocional de ambos. Hazlo por ti, tócate, penétrate, siéntete, gózate, disfrútate, ÁMATE.

 

¡Hazlo por todos!

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