La posición de la mujer en la antigua Grecia es el reflejo de lo que ha sido la vida de millones de mujeres a través de la historia. Para los griegos antiguos la mujer no era más que un hombre incompleto y débil, un defecto de la naturaleza. Se le consideraba como un ser sin terminar al que había que cuidar, proteger y guiar, lo que implicaba su sometimiento total al varón y su alejamiento de la vida pública, en la que no podía participar. Se casaban a los 14 años con hombres mucho mayores que ellas. Era el padre quien le encontraba marido y discutía la dote. Ella pasaba a ser propiedad del marido como antes lo había sido de su padre y en caso de enviudar, de su hijo. La educación de las mujeres estaba orientada a su función como esposa. Las niñas aprendían a hilar y tejer, música y a tocar la lira. Su educación terminaba con el matrimonio. Una vez casada, el marido recluía a su esposa en una parte de la casa apartada del exterior o la vida social que él llevaba. Allí vivía con sus hijos y sirvientas tejiendo sus propios vestidos y preparando los alimentos para el esposo. Nunca salía de la casa, pues al mercado iban las esclavas. Las ciudadanas de Atenas se dedicaban exclusivamente a la casa y al cuidado de los hijos.

En la historia de la humanidad, las mujeres han sido las grandes olvidadas, aparecen escasamente en la historia, en la literatura, en el arte o en la ciencia. Por un lado, porque han tenido muchos obstáculos para poder mostrar sus capacidades, y, por otro lado, porque a las que han conseguido hacerlo no se les ha reconocido y ni siquiera han sido nombradas en los libros o en las enciclopedias.

Esto ha hecho que desconozcamos a muchas mujeres que utilizaron su imaginación, su voluntad, sus fuerzas y a veces su vida para contribuir en la construcción de una sociedad más justa. Muchas mujeres, sobre todo las que resolvieron a salirse de la norma, tuvieron que luchar contra la incomprensión de la sociedad de su tiempo, o contra el fascismo o el racismo, o simplemente contra una absurda discriminación basada en el sexo, la clase social o la identidad étnica.

Sin embargo, el trabajo de muchas mujeres ha sido fundamental. Aquí queremos recuperar el papel desempeñado por algunas mujeres a lo largo de la historia.

A diferencia de lo que ocurrió en la antigua Grecia siglos atrás, en 1878 en Finlandia la ley reconoció a las mujeres rurales el derecho a la mitad de la propiedad y de la herencia en el matrimonio y en 1889, las mujeres casadas pudieron disponer libremente de sus salarios. la Revolución Rusa de 1917 fue la primera en legislar que el salario femenino debía ser igual al masculino: a igual trabajo, igual salario.

Mujeres, como Marie Curie, por ejemplo, han pasado a la historia por sus logros. Esta física y química nacida en Polonia en 1867, descubrió la radiactividad y fue pionera en el estudio de los elementos radiactivos. Ha sido también la primera mujer en ganar un Premio Nobel y la única mujer en el mundo en recibir dos Premios Nobel en diferentes campos (Física y Química).

Hoy en día y pese a los extraordinarios avances en la medicina moderna, más de 800 mujeres en el mundo mueren cada día por causas relacionadas con el embarazo y el parto, el 99% de ellas viven en países en desarrollo como Colombia. Sin embargo, en la Grecia antigua existió una de las primeras ginecólogas de la humanidad, su nombre, Agnodice. Esta mujer practicó con valentía la medicina en Grecia cuando las mujeres se enfrentaban a la pena de muerte por hacerlo. Finalmente, cuando fue descubierta, se le reivindicó y se le permitió continuar cuando las gentes acudieron en su defensa.

Incluso con los avances sustanciales en la paridad de género alcanzada en todos los niveles de la educación, las diferencias persisten en algunas regiones en desarrollo. Por ejemplo, por cada 100 niños, sólo 70 niñas cursan estudios en el África.

La célebre escritora y monja Sor Juana Inés de la Cruz defendió en México de manera memorable el derecho de las mujeres a la educación en 1691, cuando hoy en día millones de niñas y mujeres no tienen acceso a la educación.

En el mundo la pobreza es uno de los mayores desafíos que afecta de manera exagerada a las mujeres y las niñas. Según Naciones Unidas, el 70% de las personas pobres en el mundo son mujeres. Además, una de cada cinco niñas en el mundo vive en condiciones de extrema pobreza. En la actualidad, aproximadamente 836 millones de mujeres y niñas todavía viven en la pobreza extrema.

Una adelantada para su época fue la destacada activista por los derechos de las mujeres y filántropo rusa, Anna Filosofova, quién sostenía que era mejor educar y formar a las personas pobres que ayudarlas con dinero en efectivo. En 1860, fue cofundadora de una sociedad que ofrecía apoyo a las personas pobres, no sólo en forma de vivienda accesible, sino además trabajo decente para las mujeres.

Doria Shafik inició un movimiento por los derechos de las mujeres en Egipto cuando en 1951, junto a 1500 mujeres, entró en el Parlamento exigiendo derechos políticos plenos, igualdad salarial y reformas a las leyes de estado civil para las mujeres. Esto ayudó a conseguir el derecho al voto que tuvieron las mujeres a partir de 1956.

Estas iniciativas, junto con otros innumerables esfuerzos que le siguieron, ayudaron a mejorar el camino hacia la obtención del derecho de las mujeres al voto. Las colombianas, por ejemplo, apenas pudieron ejercer el derecho al voto en el año de 1954 y sólo hasta 1920 se consiguió el derecho al voto femenino en Estados Unidos. Ya desde antes en Nueva Zelandia Kate Sheppard, junto a un grupo de compañeras, había presentado una petición al Parlamento de su país donde se exigía el sufragio para las mujeres. Ésta fue una decisión importante que llevó a Nueva Zelandia a convertirse en el primer país en conceder a las mujeres el derecho al voto en 1893.

Todavía la igualdad de género ante la ley no siempre se lleva a la práctica. Aunque más de 140 países garantizan la igualdad de género en sus constituciones, las mujeres enfrentan desigualdades directas e indirectas a través de leyes, políticas, estereotipos y prácticas sociales. Eso cambió el día en que Rigoberta Menchú se convirtió en la primera mujer indígena en ganar un Premio Nobel, gracias a su campaña por la justicia social, la reconciliación étnico-cultural y los derechos de los pueblos indígenas durante y después de la Guerra Civil de Guatemala.

A pesar de que existen leyes en el mundo que lo prohíben, muchas niñas son obligadas a casarse. Según cifras de la Unicef, a nivel mundial, una de cada cinco niñas se casa o vive en unión libre antes de cumplir 18 años. En los países menos desarrollados la cifra se duplica, con el 36 % de las niñas casadas antes de cumplir 18 años, en tanto que el 10 % de las niñas se casa antes de cumplir 15 años.

Por eso, cuando dos niñas de nombre Loveness Mudzuru y Ruvimbo Tsopodzi llevaron a su Gobierno ante la justicia por el delito de matrimonio infantil, hicieron historia en 2016 en Zimbabue, pues un tribunal constitucional falló a su favor decidiendo que ninguna mujer en el país está obligada a contraer matrimonio antes de la edad de 18 años.

Antes de la Segunda Guerra Mundial las mujeres norteamericanas vivían bajo el régimen machista que las sometía, pues debían solicitar el permiso del marido para ejercer una profesión. Tampoco podían presentarse a un examen, matricularse en una universidad, abrir una cuenta bancaria, solicitar un pasaporte o un permiso de conducir.

Durante la Segunda Guerra Mundial cerca de 70 millones de hombre tuvieron que ir al frente de batalla en Asia y Europa, lo que obligó a que millones de mujeres salieran de sus casas y dejaran su rol de madres y amas de casa y se convirtieran en obreras, asumiendo los trabajos en las fábricas.

El mundo entonces se da cuenta que las mujeres tienen los mismos derechos y las mismas posibilidades de trabajar de igual a igual que los hombres. El hecho fue tan importante que, a finales de los años sesenta, había en Europa occidental, más mujeres que hombres en trabajos como el de enfermería, telefonista, comercio, limpieza, peluquerías, etc. Actualmente las mujeres asisten a las universidades y son fuertemente competitivas en todo tipo de trabajos, incluidos los técnicos.

Juan Guillermo Londoño Berrío

RESERVAR